Otoño que te aproximas

Nunca he tenido un temor completo hacia la muerte, tampoco obsesión. Sin embargo, siempre me ha entristecido ese inevitable proceso.

En el otoño, cuándo las hojas han sido vencidas y han de abandonar en picada el que fue su hogar, a veces, en mi inconciencia, durante su baile póstumo, me atrevo a atrapar una. Y así la llevo en mis manos, de camino a la escuela. Es un viaje silencioso, íntimo. Quisiera comprender el porqué ha perdido su color, porqué ha tenido que caer.. ¿habrá sido su lucha en vano?.. atrapada en la ventisca de la vida.. ¿Qué habrá cruzado por su mente, en los momentos más dolorosos hasta que finalmente ha impactado?. ¿Qué puedes decirme, pequeña hoja, ahora que tus mayores arrebatos han quedado atrás?.

Recuerdo que cuándo era pequeño, unos 4 o 5 años, era de todos los días ir con mis padres al “puesto”. Siempre comerciantes, sencillos, al aire libre. Por la zona (no más de 10 m) había un raterillo que acostumbraba asaltar a conveniencia. Después ya lo hacía organizadamente, con algunos gañanes, sin dolor amenazaba con pistola.. ¿Cuántas vidas habrá debido?.

Creo que lo llamaban el “nene”. Era un sujeto grande, de complexión gruesa, voz ronca y de pinta maldita, me daba miedo mirarlo siquiera, sentía que un día iba a venir a faltarnos hasta a nosotros, a pesar de ser del “barrio”. Y él se sentía así, sentía que la vida sería igual siempre, arrebatando a su paso.

Con el tiempo perdió protagonismo, como él surgieron muchos, pero iban y venían, siempre te enterabas de su final. Muchas veces estrepitoso. Pero no el nene, este hombre se tiró al vicio, dos o tres años después lo veía pasar por ahí, ya sin poder hablar, golpeado, afectado de sus facultades mentales, pidiéndo una moneda. A veces tardaba 10 minutos en pasar por nuestro puesto, con ese lento zizagear que en nada se parecía al otrora maldito. No era lastimoso. Era doloroso.

Y así fue su vida, sufrió mucho, la calle fue su casa y al final allí murió, solo, quizás como merecía, yo no se que tan justo es realmente lo que llamamos “justicia”. Pero eso siempre me marcó, ver una vida joven quebrándoze en el camino hacia su final, hasta romperse. Las personas son así de frágiles, pensé, un instante están en plenitud, al otro convalecen sin poder mantenerse en pie. Una ley que se debe aceptar y que tarde que temprano nos dicta sentencia.

Mi vida ha sido ver caer a mi alrededor así, a todos los que me vienen a la mente. Nadie se ha salvado. Y sin embargo, aún tengo esa última hoja, la llevo conmigo a todos lados, nuestra plática sigue inconcluosa. Me gustaría verla atrevida, una vez más, equivocándose y teniendo esos ratos de ternura, en los que buscaba regresar a su hogar, a pesar de ya haberse caido antes. Espero tener esa oportunidad. Yo no lo merezco, pero ella sí.

Destino a la ligera

Siempre creí y defendí que el destino uno lo escribía y siempre dependía de uno su cierre, ese último párrafo que le daba significado completo a un hermoso, tambaleante todo.

Ahora me percato de mi error, cuan prepotente y crédulo fui. Un destino siempre estará ligado, irremediablemente, a otro, y a otro. Y siempre habrá una variable inamovible, no importa nuestra relativa libertad de formarlo, se nace con la frente marcada y esa marca nos acompaña como sentencia. Consuelo ridículo es la libertad de elección, si al final, las pocas opciones se reducirán a lo mismo.

Sueño

Es un frio que apenas deja moverse. Al temblor de esa pesada respiración sucede un camino que se oculta entre la oscuridad. Teme más que yo acaso.

Apenas puedo distinguir una sombra, va perdiendo forma a medida que avanzamos, derramada por la luna y esa luz que no le pertenece, como muchas cosas que nunca serán suyas. Ya sin forma entendible, se detiene, sacia su sed en recuerdos, después prosigue. Entre más nos acercamos más lúgubre es el paso.

Voces inentendibles, brisas que osan interponerse en nuestro camino, heladas como sus corazones, ¡Aléjense, malditas están ya y no se harán de nosotros!. A lo lejos los árboles que se han quedado atrás lloran, y uno a uno caen, como si así pudieran alcanzarnos, ¡Es que acaso no se han resignado a su escarnio eterno!. Destino cruel que te has burlado de quien no lo merecía.

¡Qué largo y difícil es el camino!, ¡Cuántos años son ya!. Orgullos desperdiciados, y así fueron abandonados. Esos tragos amargos, indiferentes, pero siempre llenos de ilusiones. Hambre de que estuviera una vez más conmigo, pero no era así, había que conformarse con unos simples caramelos, pronto amargos dolores de vacío.

De repente enclarece un poco. Afuera del camino, brota luz como frutos, fresca luz, estoy sediento, voy a tomar un poco.. Espejismo irónico.. Volteo y ha seguido, es como si fuera su destino y ahora empieza a volar. Solo alcanzo a ver su sombra, una vez más, resignado. Entre más me apresuro a alcanzarle, es más y más dolor. Sus alas se despliegan libres, poco a poco son más pequeñas, se alejan de mí.

Yo no quiero que se vaya, pensé que algún día le retribuiría, aunque fueran los pocos momentos de sonrisas.. Sí, soy egoista, este sueño, a ratos pesadilla odiosa.. sigo en él, y quiero que siga aquí conmigo.. pero su sufrimiento.. ¡Cruel destino, no le hagas sufrir más y decide ya!. No es justo.. por Dios que no es justo..